Ya es hora

By tanatos

Todo blog que se precie, y casi todos los que he leído, llevan una presentación de su autor. Me han dicho que es la hora de que la haga, la presentación, pero yo no estoy tan de acuerdo. Intento, y no lo consigo, crear una cierta incertidumbre sobre el que lee, una cierta magia, sobre el que lee también.

Creo que es importante el anonimato para poder hablar de lo que uno quiera. Qué pensarían mis amigos si leyeran cosas sobre ellos, mis amigos, y se reconociera, porque reconocieron al autor. Podría perder amistades. Perder amistades no es algo que me agrade, y más con lo que me cuesta conseguirlas.

Aunque el otro día me hice amigo de una mujer muy simpática en el metro, de Madrid. La particularidad de los transportes públicos de una ciudad grande, como Madrid, es que cualquier persona puede viajar en ellos. Y da igual que tengan dinero o no. En Madrid, supongo que como en otras ciudades grandes, como Madrid, la gente se cuela en el metro como quieren. Pero yo no estoy aquí para hablar de la gente que se cuela en el metro, de Madrid. Conocí a una mujer. Mujer, que es algo que siempre me ha gustado, sería más o menos de mi edad. Le gustaba la música, como a mí. Le gustaba pasear por Madrid, como a mí. Le gustaba leer, como a mí. Y mirar por la ventana del metro, de Madrid, mirando los cables de colores. Rojo, amarillo, verde, azul, morado, blanco, todos juntos, como un mismo cable. Todos juntos bajando. Y subiendo. A veces desaparecen, y estás un rato buscando, y de repente vuelven a aparecer. Como si fuera magia (pero no la misma que quiero conseguir con el lector). Cables que cuando llegan a una estación, donde hay gente, se esconden debajo del andén. Tienen miedo a la gente del metro, de Madrid. Tienen miedo de ser pisados, de que alguien los pise, los rompa y no puedan seguir el camino por los túneles junto a sus compañeros. Pero duran poco las estaciones, y nada mas salir aparecen triunfantes, felices, y juntos. Arriba y abajo.

A esa mujer le gustaba mirar los cables del metro, de Madrid. Como a mí.

5 comentarios para “Ya es hora”

  1. Laura Dice:

    Veo que te encanta moverte en metro por Madrid, y veo también que eres muy observador. Yo las pocas veces que voy en el metro de Barcelona, también voy mirando por la ventana, buscando luces y cables, aunque no sabría decirte si son de tantos colores como los de Madrid, ya que no he llegado a fijarme demasiado. Lo tuyo son los colores, pero ara una daltónica como yo, a veces se le hace difícil prestarles tanta atención.
    Fui una sola vez a Madrid, hace años, con mis padres, y fuimos a pasar el día. Pero mi hermana estuvo hace tres meses y le gustó mucho. Ahora que tenemos el AVE Madrid-Barcelona, pordía aprovechar para visitar la ciudad, aunque si dices que hace tanta calor… tendré que pensármelo dos veces antes de ir. :D

    En mi viaje a París siempre intentaba desplazarme en metro, coger cuántas más linias mejor… me encantaba el observar a la gente a todas horas, en sus rutinas diarias. El fijarme en cómo vestían y actuaban, y el mirar por la ventana e ir viendo luces a cada momento. ¡Qué recuerdos aquellos! Los echo de menos.

    Bueno, has visto que me voy de una cosa a otra… siento el rollo que te he soltado!!
    Me ha gustado tu blog, y lo iré visitando con frecuencia.
    Saludos!

  2. tanatos Dice:

    Yo estuve una vez en París, hace tiempo. París no es como Madrid. El metro, de París, huele mal. Además los vagones, del metro de París, funcionan con ruedas gigantes, como de tractor. Es cierto que tienen railes, como el metro de Madrid, pero parece no importar tanto. Supongo que allí importa la puntualidad, que la consiguen gracias a la aceleración brutal que tiene el metro, de París.

    También recuerdo lo callada que iba la gente en el metro, de París. Supongo que el silencio es algo muy europeo, que los españoles todavía no estamos por la labor.

    Gracias por tus palabras, y encantado de que pases por aquí, cuando quieras.

  3. arroyolid Dice:

    Yo he dejado de ir en Metro, de Madrid. Por suerte o no, quien sabe, ya no trabajo en Madrid, ergo no cojo el Metro, de Madrid, por supuesto. Pero recuerdo cuando cogía el Metro, de Madrid, lo interesante que era. No me aburría ni un minuto. Mirando a la gente, tan dispares unos de otros, ten ensimismados consigo mismo; tan metidos, sobre todo ellas, en el libro de turno; tan durmiendo en las horas intempestivas de la apertura del día (para mi desgracia cogía el Metro, de Madrid, cuando todavía no habían abierto las calles, de Madrid). Pero todo ello quedó relegado al cajón de los recuerdos. Ya no cojo el Metro, de Madrid, snifff, ya no deambulo por las estaciones, ya no miro los cables como serpentean por los túneles oscuros y tenebrosos, ya no miro a las chicas monas, disimuladamente, eso sí, que uno es un caballero a la antigua y jamás faltaría a una señorita.
    En fin, ya no soy un viajero del Metro, de Madrid. ¡Qué pena!

  4. tanatos Dice:

    Una pena, sí…

  5. arroyolid Dice:

    Con un poco de suerte puede que vuelva en breve a ser viajero diario de Metro, de Madrid, claro.

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