- ¡Empújala!
- Pero, si es Ana.
- Es una traidora, se lo merece.
- No quiero hacerla daño.
- Ella no te quiere, no quiere saber nada de tí, sólo te utiliza
- Cállate, tú que sabrás.
- Yo lo sé, yo soy el único que te cuida.
- En eso tienes razón. A ella no le va a gustar.
Con los años, Ana lo entendió.
21 Febrero, 2009 a las 2:49 pm |
Lo has escrito tú? Me encanta.