Archive for 28 julio 2008

Sexualidad

28 julio, 2008

¿Alguna vez habéis estado en un club de estriptis? (Sé que no se escribe así, pero no supe encontrar la palabra). Pues gracias a mi naturaleza inquieta, y a algún amigo aficionado al sexo sin complicaciones alguna vez he estado.

Recuerdo hace unos años, que fui a uno en una carretera cerca de Madrid. Se llamaba algo así como Pussy’s Girls. No recuerdo con exactitud. Lo que si recuerdo era la cantidad de chicas que había. El número de chicas era inversamente proporcional a las ropas que llevaban. Recuerdo que se me acercó una con cara de elefante ¿elefanta?:

– Tócame la trompa.

– ¿Para qué? Yo sólo he venido acompa…

– Me pone cachonda que me toquen la trompa.

Salí corriendo de allí. No sabía que las elefantas tuvieran el punto G en la trompa.

Creador

21 julio, 2008

Un día me saqué un moco.

Era reseco, y al liberarle de la prisión de mi nariz se quejó, y yo me quejé porque me dolió. Yo, a diferencia de mucha gente, los tiro. Pero oí una súplica. “No me tires” dijo el moco. Le pregunté porqué. “Tú eres mi padre. Los padres no tiran a sus hijos, a sus creaciones”. Si estuvieras más tierno -dije- todavía te podría pegar en algún pupitre, pero estás reseco. “Yo no tengo la culpa de que vivas en Madrid” contestó enojado. Madrid me gusta, y no lo voy a cambiar por mis mocos. “Pero eres mi creador, mi Dios” contestó desesperado.

Hice una bola con él, y con un rápido movimiento lo mandé lejos de mi vista.

Soy ateo y siempre he estado a favor del aborto.

Ámbar

19 julio, 2008

No me gusta mucho estar en casa. En casa me siento oprimido, y amenudo salgo a pasear por Madrid. En Madrid hay muchas cosas que me gustan, y hay otras tantas que no. Es el encanto de Madrid. Me gustan sus atardeceres, los parques, el Metro, la Plaza de Oriente, entre otras muchas cosas. No me gusta de Madrid el ruido, aunque tampoco me gusta el silencio. No me gusta la suciedad, ni la delincuencia. Hay una cosa que me gusta y no me gusta a la vez. Las obras. Las obras son el monumento por excelencia de Madrid. No me gustan porque son polvorientas, porque son ruidosas, porque son molestas, te pueden apartar de tu camino, y porque allí habitan seres un tanto raros. Me gustan porque se acaban, y cuando se acaben serán algo. Un parque, un edificio o una nueva parada de Metro, de Madrid. Quizá un nuevo restaurante, un nuevo banco, o un viejo pero renovado bar. Quizá una tubería, fibra óptica o un paso subterráneo. Un puente incluso. Algo serán.

Y por eso me gustan.

Mi ambigüedad sobre las obras me ha recordado a algo que hay mucho en Madrid. Son algo muy importante para una ciudad como Madrid, y que sin ellos todo sería un caos. Me ha recordado a un semáforo. El semáforo es uno de los seres más respetados de la ciudad. Monstruos de varias toneladas de chapa se paran o prosiguen según el color que muestre el semáforo. Él decide quien o quien no pasa. Sé que el semáforo no tiene nada de ambiguo. Es justo lo contrario. El bien o el mal, blanco o negro. Y en Madrid es así. Pero a pesar de esto el semáforo tiene algo que es lo más ambiguo que yo conozco. El ámbar. Es un ser caprichoso, pero a su vez sobrevalorado. Aunque es cierto que nadie le respeta, nadie parece saber el significado de lo que nos quiere transmitir. Los conductores no saben que hacer. Algunos aceleran, otros van parando. Ni paran ni siguen. Les sirve como advertencia. Esta es la verdadera importancia, el verdadero sentido del ámbar. Es nuestro guardian. Nos avisa de que algo prohibído va a pasar. Es como un cancerbero enano. Todo el mundo pasa por encima de él, pero su misión es igual de valiosa. Y está ahí, con ese propósito, porque no estamos preparados para la verdad del rojo. Todos deseamos al verde, todos odiamos al rojo, y el ámbar está ahí para marcar la diferencia. Está entre el rojo y el verde, entre el pasa y no pases, entre el bien y el mal. El ámbar de los semáforos es el más gris de los grises. Siempre en medio de todo.

Sí. Me gusta pasear por Madrid.

En el Auditorio

8 julio, 2008

Una de las cosas que más me gustan es escuchar música. Soy un gran melómano, y me gusta escuchar música en vivo. A veces voy al Auditorio Nacional, que está en Madrid, a escuchar a las orquestas que allí tocan. El Auditorio es sede de la Orquesta Nacional de España, aunque tocan muchas otras orquestas. Hace poco fui, al Auditorio, a escuchar la 4ª Sinfonía de Gustav Mahler. No recuerdo qué orquesta era, pero sé que era europea. Alemana quizá.

Tenía un buen asiento, asiento de primer anfiteatro. Hubiera sido un asiento excelente si no se hubiera sentado a mi lado Herbert. A Herbert muchos le conoceréis por su apellido: Karajan. Estuvo la mitad del concierto susurrándome lo holgazanes que eran los músicos, lo mal que lo hacía el director que no sabía sacar un sonido claro a la orquesta. La pobreza de sus gestos (del director), lo poco que expresaba, lo poco claras que estaban las anacrusas y las entradas de los solístas…

– ¡Cállate Herbert! Parece mentira que digas esto, ¡tú, que pareces un gato muerto cuando diriges!

Qué agusto me quedé…

Ya es hora

8 julio, 2008

Todo blog que se precie, y casi todos los que he leído, llevan una presentación de su autor. Me han dicho que es la hora de que la haga, la presentación, pero yo no estoy tan de acuerdo. Intento, y no lo consigo, crear una cierta incertidumbre sobre el que lee, una cierta magia, sobre el que lee también.

Creo que es importante el anonimato para poder hablar de lo que uno quiera. Qué pensarían mis amigos si leyeran cosas sobre ellos, mis amigos, y se reconociera, porque reconocieron al autor. Podría perder amistades. Perder amistades no es algo que me agrade, y más con lo que me cuesta conseguirlas.

Aunque el otro día me hice amigo de una mujer muy simpática en el metro, de Madrid. La particularidad de los transportes públicos de una ciudad grande, como Madrid, es que cualquier persona puede viajar en ellos. Y da igual que tengan dinero o no. En Madrid, supongo que como en otras ciudades grandes, como Madrid, la gente se cuela en el metro como quieren. Pero yo no estoy aquí para hablar de la gente que se cuela en el metro, de Madrid. Conocí a una mujer. Mujer, que es algo que siempre me ha gustado, sería más o menos de mi edad. Le gustaba la música, como a mí. Le gustaba pasear por Madrid, como a mí. Le gustaba leer, como a mí. Y mirar por la ventana del metro, de Madrid, mirando los cables de colores. Rojo, amarillo, verde, azul, morado, blanco, todos juntos, como un mismo cable. Todos juntos bajando. Y subiendo. A veces desaparecen, y estás un rato buscando, y de repente vuelven a aparecer. Como si fuera magia (pero no la misma que quiero conseguir con el lector). Cables que cuando llegan a una estación, donde hay gente, se esconden debajo del andén. Tienen miedo a la gente del metro, de Madrid. Tienen miedo de ser pisados, de que alguien los pise, los rompa y no puedan seguir el camino por los túneles junto a sus compañeros. Pero duran poco las estaciones, y nada mas salir aparecen triunfantes, felices, y juntos. Arriba y abajo.

A esa mujer le gustaba mirar los cables del metro, de Madrid. Como a mí.

El orgullo gay: entrevista a Marilyn Monroe

7 julio, 2008

Como muchos sabéis, el orgullo gay es una fiesta que se hace en Madrid sobre estos días. En este año, dos mil ocho, cayó, la fiesta, en el sábado día cinco de julio.

A mí las fiestas me gustan por lo feliz que está la gente, como cuando ganó la selección española la eurocopa. La gente sale a la calle, se divierten, están felices. Es una felicidad que dura poco pero que en el momento parece eterna. Y el orgullo gay es una gran fiesta de gente feliz. Yo siempre me apunto a ver gente feliz porque me recuerda todo lo bueno que hay en la vida. Además en el orgullo, gay, siempre puedes ver a mucha gente famosa. Yo ví a Marilyn. Marilyn Monroe la que todos conocemos, y charlé un buen rato con ella. Fue así:

Yo iba andando por la plaza del Rey cuando alguien toca mi espalda:

Tanatos: Caramba Marilyn, ¡cuánto tiempo!

Marilyn: Tanatos, amigo ¿qué tal estás?

T: pues ya ves, por aquí paseando por Chueca, de fiesta. Ya sabes que a mí me gustan mucho las fiestas. Estás estupenda. ¿Qué haces por Madrid?

M: Gracias. Pues ya ves, me contaron que se hacía una fiesta de orgullo, y pensé que no me la podía perder. Además es la primera fiesta en la que paso totalmente desapercibida. De hecho, me he encontrado con dos o tres Marilyns más…

T: Jajajaja. Tú y tu gran sentido del humor. Cuéntame ¿qué tal están los Kennedy? ¿Te decidiste ya por alguno?

M: Pues murieron hace ya unos años. Pero ahora están mejor que nunca, aunque yo me distancié un poco, no eran un buen ejemplo para mí.

T: ¿Y ahora estás soltera?

M: La palabra técnica sería fuera del mercado, aunque sí, estoy soltera y con pocas ganas de relaciones serias. ¿Lo preguntas por algo?

T: Jajajaja, qué va. Ya sabes que yo estoy enamorado.

M: Ya lo sé ya… Una pena.

T: ¿Quieres un poco de mi copa?

M: Oh, gracias, pero no. La verdad es que desde que morí dejé de beber y todo lo relacionado con las drogas.

T: Hablando de drogas, nunca me contaste como fue tu muerte.

M: Y parece que hay una leyenda. Simplemente fue una sobredosis. Una depresión, ya sabes. Yo siempre había tenido miedo por estar enferma, y al final ése miedo me consumió. Pero bueno no hablemos de esto que me pongo triste, y ¡estamos de fiesta!

T: Es una buena exclusiva. Dime, ¿tienes algún proyecto ahora?

M: Desde la portada de hace unos años en Playboy no me han llamado para nada. Aunque si te digo la verdad, así estoy muy bien. Si hubiera tenido algún compromiso no habría podido venir. Además, sabes lo poco que me gusta trabajar.

T: Sí. Tu belleza te ayuda mucho a conseguir tus metas.

M: ¿Tu crees? Me sonrojas Tanatos, hace mucho que nadie me dice nada bonito.

T: Es un placer…

M: Oye, no quería despedirme así, pero he quedado en la Plaza de Chueca, y entre que no sé donde está, y que ya llego tarde… ¿Qué hora es?

T: Las doce y cuarto.

M: Oh, madre mía. Bueno, ya sabes que a mí siempre me esperan. Me despido Tanatos, pásalo bien.

T: Por supuesto, si vuelves por Madrid avísame y tomámos un café.

M: Eso haré, hasta siempre Tanatos.

T: Adiós Marilyn…

Y la ví alejarse entre la gente que había en la plaza del Rey, en Madrid. La pena es que no me dió tiempo a hacernos una foto con la cámara que lleva mi móvil. La tecnología avanza bárbaro, pero mi cabeza todavía no está a la altura.

El lado frío de la almohada

6 julio, 2008

Estamos en verano, y en Madrid. Para el que no lo sepa, en Madrid el verano es caluroso. Hace mucho calor, y no es agradable para todo el mundo. A mí me gusta el calor, me gusta el verano, y la ropa fresca. Me gusta entrar en el metro y pasar frío, para luego salir por la boca, de metro, y sentir el calorcito en la piel.

Cuando hace calor quedo con mis amigos para ir a alguna terraza a tomar algo. Según me han dicho Madrid es de los pocos sitios en los que sólo ponen las terrazas, los bares, en verano. Yo no me creo que la gente esté en una terraza tomando algo y lloviendo, o con el abrigo. Pero no lo he visto, y sí me lo han dicho. Será verdad. La gente está loca.

Otra de las cosas que apetece en verano, en Madrid, es tomarse un helado. No suelo tomar helados verdes, o con trozos muy grandes de lo que sea. En general me gustan todos los chocolates, belga, negro, con leche, blanco, y el helado de vainilla. Creo que soy un clásico. Pero en el gusto por los helados, claro.

Se podría decir que es un pequeño placer el pasear cuando ya no hace tanto calor. Sé que he dicho que me gusta el calor, pero en Madrid hace mucho, calor, a veces es demasiado para mí. Pero cuando avanza la tarde se está agusto por la calle, y pasear se convierte en un pequeño placer. Los mejores sitios para mí son los alrededores de la Plaza de Oriente.

Este sería un pequeño placer.

En Madrid, por las noches también hace calor, y esto ya no me gusta tanto. Me cuesta mucho dormir con tanto calor. En medio de la noche me gusta darle la vuelta a la almohada y poner la cabeza en el lado frío.

Este sería un gran placer.

Un principio

4 julio, 2008

Hoy viernes, de madrugada, decido crear este blog. Mucha gente, amigos, porque yo tengo muchos amigos, me han dicho que me anime. Y animado siempre estoy. Bueno siempre no. A veces la gente me pone de mal humor. Como cuando voy, subo, o bajo por las escaleras mecánicas del metro y la gente se para cuando va a pisar suelo firme. Parece que se van a inclinar y lo van a besar. Muchas veces me he chocado, y no me gusta, y menos en una escalera mecánica.

Como decía, ahora estoy animado, y como me tenía que animar, he decidido usar mi conexión a internet para crear este blog. Ha sido realmente fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que no soy muy hábil con los ordenadores. Es otra cosa que me pone de mal humor, y hoy, pese a que estoy animado, estoy un poquito de mal humor porque la conexión no va lo rápida que suele ir. No sé a que se debe. Muchas veces me imagino a los datos corriendo de un lado para otro, a la velocidad de la luz. Pienso que hoy se están tomando un descanso. ¿Los datos se cansan? Es algo que nunca me había planteado.

También dicen de mí que me ando mucho por las ramas. Aunque no es mi peor cualidad. Quizá la peor es mi despiste casi perpetuo. Y por mi despiste me recomendaron que me animara a escribir un blog. Curiosa coincidencia: yo de pequeño escribía cosas en un bloc y ahora escribo en un blog. ¿De qué será la ge? ¿De gratis? Gratis ha sido, eso lo puedo asegurar. Bueno casi, porque la conexión, que me va lenta estos días, no me sale gratis.

Esto podría ser un primer post como otro cualquiera…