Daniel

– Qué mala cara tienes.

– Es que se acaba de ir Daniel.

– Pero no estás así porque se haya ido.

– Tú que sabrás.

– Lo sé, igual que tú lo sabes. Sabes que no estás así porque se haya ido.

– Y qué quieres que haga…

– Ya sabes lo que pienso. Cada vez que viene te cambia el humor, te hundes. Y te salen esas horribles ojeras.

– Es que me tiene todos los días sin dormir…

– Pero a tí no te gusta. Nunca te ha gustado eso. Además te trata mal. Y es un celoso. Sé que está celoso de mí, ¿comprendes? De MÍ.

– Ya lo sé. Es absurdo.

– Ya sabes lo que debes hacer. No eres feliz. Nunca lo has sido, y cada vez que lo ves te vuelves un poquito más desgraciada. Y el problema es que yo me estoy dando cuenta.

– Pero es que son tantos años ya…

– Hazlo por tí. Y si no, hazlo por mí.

“Daniel e Irene quieren que vengas a su boda”, es lo que ví cuando abrí el sobre. Y yo pensaba que era el enfermo.

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