Archive for the ‘realidad’ Category

Lo que la nochevieja nos hace

2 enero, 2009

Tengo frío. [trago de vino]

Y mi familia… No sé nada de ellos. [trago de vino]

¡Qué vino más bueno! [trago de vino]

Voy al parque a ver si veo a alguien. [trago de vino]

¿Y tú, qué miras? [trago de vino]

Vaya parece que todos se fueron a dar una vuelta. [trago de vino]

Y la puta policia… nunca está cuando se los necesita. [trago de vino y escondo el cartón]

Tienen que ser las doce ya… [trago de vino]

Vaya, queda poco vino. [abro otro cartón, trago de vino]

Menos mal que fui a comprar antes. [trago de vino]

Voy a cruzar la calle. [trago de vino]

¿Por qué me enchufas con las luces? [trago de vino]

No me grites que no soy sordo. [trago de vino]

Pero si es un paso de cebra, tengo el derecho de estar aquí. [trago de vino]

Tengo sueño…

La policía nunca está para lo que se le necesita. [me han quitado el vino]

Sí señor agente…

Feliz año.

Queridos Reyes ¿Magos?

30 diciembre, 2008

No quiero ni que os acerquéis a mí.

No he sido bueno este año, y eso sólo significa que me merezco carbón. No entiendo por qué no puedo ser malo. ¿Qué problema tenéis? Los primeros en mentir sois vosotros. ¿Qué clase de magos sois? Lo único mágico que os ví hacer, de pequeño, fue sacar un olor pestilente de vuestra boca. Olor que de mayor reconocería como alcohol.

Estuve saboreando ese olor durante años. Pensé que siempre os veía en cada esquina. Por la calle me acercaba a borrachos vagabundos a pedirle mis regalos, sentarme en su regazo y contarles lo bueno que había sido. Ésa fue vuestra magia.

Me arrepiento. Ahora quiero que vengáis. Os estaré esperando.

Un post navideño

26 diciembre, 2008

La navidad apesta.

Daniel

9 diciembre, 2008

– Qué mala cara tienes.

– Es que se acaba de ir Daniel.

– Pero no estás así porque se haya ido.

– Tú que sabrás.

– Lo sé, igual que tú lo sabes. Sabes que no estás así porque se haya ido.

– Y qué quieres que haga…

– Ya sabes lo que pienso. Cada vez que viene te cambia el humor, te hundes. Y te salen esas horribles ojeras.

– Es que me tiene todos los días sin dormir…

– Pero a tí no te gusta. Nunca te ha gustado eso. Además te trata mal. Y es un celoso. Sé que está celoso de mí, ¿comprendes? De MÍ.

– Ya lo sé. Es absurdo.

– Ya sabes lo que debes hacer. No eres feliz. Nunca lo has sido, y cada vez que lo ves te vuelves un poquito más desgraciada. Y el problema es que yo me estoy dando cuenta.

– Pero es que son tantos años ya…

– Hazlo por tí. Y si no, hazlo por mí.

“Daniel e Irene quieren que vengas a su boda”, es lo que ví cuando abrí el sobre. Y yo pensaba que era el enfermo.

Vuelta

8 diciembre, 2008

Nadie lo esperaba. Ya es un ricón olvidado (con razón y por mi culpa), pero no por eso tiene que estar cerrado. Y no por eso yo voy a olvidarlo. Así que lo retomo tal y como lo dejé, pero con algún cambio no sugerido…

El primer intento

3 agosto, 2008

Mírala. Es preciosa. Y tú no eres más que un bufón. Un bufón malo, de chistes fáciles y pelos en la espalda. ¿Por qué crees que ella está aquí, debajo tuya? No puedes ¿verdad? Siéntete culpable. Nunca has hecho nada bien, y desde luego hoy no va a ser tu día. Huelela. ¿Te das cuenta? Mejor no te huelas tú. Hueles a vergüenza, a virginidad mancillada. No eres un hombre. No eres su hombre. ¿Te has fijado en sus ojos? Te desea. Debe de estar loca, con esos dientes que tienes, esa barba a medio recortar. Vas siempre hecho una mierda. Y aquí la tienes, en tu cama, desnuda, sudando, pidiéndotelo. Y tú, ¿dónde estás? ¿No puedes? Pobrecito… Me das pena.

Ella me dijo que no me preocupara, que le pasa a mucha gente. Pero yo sé que es mentira. Sabemos que es mentira.

Ámbar

19 julio, 2008

No me gusta mucho estar en casa. En casa me siento oprimido, y amenudo salgo a pasear por Madrid. En Madrid hay muchas cosas que me gustan, y hay otras tantas que no. Es el encanto de Madrid. Me gustan sus atardeceres, los parques, el Metro, la Plaza de Oriente, entre otras muchas cosas. No me gusta de Madrid el ruido, aunque tampoco me gusta el silencio. No me gusta la suciedad, ni la delincuencia. Hay una cosa que me gusta y no me gusta a la vez. Las obras. Las obras son el monumento por excelencia de Madrid. No me gustan porque son polvorientas, porque son ruidosas, porque son molestas, te pueden apartar de tu camino, y porque allí habitan seres un tanto raros. Me gustan porque se acaban, y cuando se acaben serán algo. Un parque, un edificio o una nueva parada de Metro, de Madrid. Quizá un nuevo restaurante, un nuevo banco, o un viejo pero renovado bar. Quizá una tubería, fibra óptica o un paso subterráneo. Un puente incluso. Algo serán.

Y por eso me gustan.

Mi ambigüedad sobre las obras me ha recordado a algo que hay mucho en Madrid. Son algo muy importante para una ciudad como Madrid, y que sin ellos todo sería un caos. Me ha recordado a un semáforo. El semáforo es uno de los seres más respetados de la ciudad. Monstruos de varias toneladas de chapa se paran o prosiguen según el color que muestre el semáforo. Él decide quien o quien no pasa. Sé que el semáforo no tiene nada de ambiguo. Es justo lo contrario. El bien o el mal, blanco o negro. Y en Madrid es así. Pero a pesar de esto el semáforo tiene algo que es lo más ambiguo que yo conozco. El ámbar. Es un ser caprichoso, pero a su vez sobrevalorado. Aunque es cierto que nadie le respeta, nadie parece saber el significado de lo que nos quiere transmitir. Los conductores no saben que hacer. Algunos aceleran, otros van parando. Ni paran ni siguen. Les sirve como advertencia. Esta es la verdadera importancia, el verdadero sentido del ámbar. Es nuestro guardian. Nos avisa de que algo prohibído va a pasar. Es como un cancerbero enano. Todo el mundo pasa por encima de él, pero su misión es igual de valiosa. Y está ahí, con ese propósito, porque no estamos preparados para la verdad del rojo. Todos deseamos al verde, todos odiamos al rojo, y el ámbar está ahí para marcar la diferencia. Está entre el rojo y el verde, entre el pasa y no pases, entre el bien y el mal. El ámbar de los semáforos es el más gris de los grises. Siempre en medio de todo.

Sí. Me gusta pasear por Madrid.

Ya es hora

8 julio, 2008

Todo blog que se precie, y casi todos los que he leído, llevan una presentación de su autor. Me han dicho que es la hora de que la haga, la presentación, pero yo no estoy tan de acuerdo. Intento, y no lo consigo, crear una cierta incertidumbre sobre el que lee, una cierta magia, sobre el que lee también.

Creo que es importante el anonimato para poder hablar de lo que uno quiera. Qué pensarían mis amigos si leyeran cosas sobre ellos, mis amigos, y se reconociera, porque reconocieron al autor. Podría perder amistades. Perder amistades no es algo que me agrade, y más con lo que me cuesta conseguirlas.

Aunque el otro día me hice amigo de una mujer muy simpática en el metro, de Madrid. La particularidad de los transportes públicos de una ciudad grande, como Madrid, es que cualquier persona puede viajar en ellos. Y da igual que tengan dinero o no. En Madrid, supongo que como en otras ciudades grandes, como Madrid, la gente se cuela en el metro como quieren. Pero yo no estoy aquí para hablar de la gente que se cuela en el metro, de Madrid. Conocí a una mujer. Mujer, que es algo que siempre me ha gustado, sería más o menos de mi edad. Le gustaba la música, como a mí. Le gustaba pasear por Madrid, como a mí. Le gustaba leer, como a mí. Y mirar por la ventana del metro, de Madrid, mirando los cables de colores. Rojo, amarillo, verde, azul, morado, blanco, todos juntos, como un mismo cable. Todos juntos bajando. Y subiendo. A veces desaparecen, y estás un rato buscando, y de repente vuelven a aparecer. Como si fuera magia (pero no la misma que quiero conseguir con el lector). Cables que cuando llegan a una estación, donde hay gente, se esconden debajo del andén. Tienen miedo a la gente del metro, de Madrid. Tienen miedo de ser pisados, de que alguien los pise, los rompa y no puedan seguir el camino por los túneles junto a sus compañeros. Pero duran poco las estaciones, y nada mas salir aparecen triunfantes, felices, y juntos. Arriba y abajo.

A esa mujer le gustaba mirar los cables del metro, de Madrid. Como a mí.

El lado frío de la almohada

6 julio, 2008

Estamos en verano, y en Madrid. Para el que no lo sepa, en Madrid el verano es caluroso. Hace mucho calor, y no es agradable para todo el mundo. A mí me gusta el calor, me gusta el verano, y la ropa fresca. Me gusta entrar en el metro y pasar frío, para luego salir por la boca, de metro, y sentir el calorcito en la piel.

Cuando hace calor quedo con mis amigos para ir a alguna terraza a tomar algo. Según me han dicho Madrid es de los pocos sitios en los que sólo ponen las terrazas, los bares, en verano. Yo no me creo que la gente esté en una terraza tomando algo y lloviendo, o con el abrigo. Pero no lo he visto, y sí me lo han dicho. Será verdad. La gente está loca.

Otra de las cosas que apetece en verano, en Madrid, es tomarse un helado. No suelo tomar helados verdes, o con trozos muy grandes de lo que sea. En general me gustan todos los chocolates, belga, negro, con leche, blanco, y el helado de vainilla. Creo que soy un clásico. Pero en el gusto por los helados, claro.

Se podría decir que es un pequeño placer el pasear cuando ya no hace tanto calor. Sé que he dicho que me gusta el calor, pero en Madrid hace mucho, calor, a veces es demasiado para mí. Pero cuando avanza la tarde se está agusto por la calle, y pasear se convierte en un pequeño placer. Los mejores sitios para mí son los alrededores de la Plaza de Oriente.

Este sería un pequeño placer.

En Madrid, por las noches también hace calor, y esto ya no me gusta tanto. Me cuesta mucho dormir con tanto calor. En medio de la noche me gusta darle la vuelta a la almohada y poner la cabeza en el lado frío.

Este sería un gran placer.

Un principio

4 julio, 2008

Hoy viernes, de madrugada, decido crear este blog. Mucha gente, amigos, porque yo tengo muchos amigos, me han dicho que me anime. Y animado siempre estoy. Bueno siempre no. A veces la gente me pone de mal humor. Como cuando voy, subo, o bajo por las escaleras mecánicas del metro y la gente se para cuando va a pisar suelo firme. Parece que se van a inclinar y lo van a besar. Muchas veces me he chocado, y no me gusta, y menos en una escalera mecánica.

Como decía, ahora estoy animado, y como me tenía que animar, he decidido usar mi conexión a internet para crear este blog. Ha sido realmente fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que no soy muy hábil con los ordenadores. Es otra cosa que me pone de mal humor, y hoy, pese a que estoy animado, estoy un poquito de mal humor porque la conexión no va lo rápida que suele ir. No sé a que se debe. Muchas veces me imagino a los datos corriendo de un lado para otro, a la velocidad de la luz. Pienso que hoy se están tomando un descanso. ¿Los datos se cansan? Es algo que nunca me había planteado.

También dicen de mí que me ando mucho por las ramas. Aunque no es mi peor cualidad. Quizá la peor es mi despiste casi perpetuo. Y por mi despiste me recomendaron que me animara a escribir un blog. Curiosa coincidencia: yo de pequeño escribía cosas en un bloc y ahora escribo en un blog. ¿De qué será la ge? ¿De gratis? Gratis ha sido, eso lo puedo asegurar. Bueno casi, porque la conexión, que me va lenta estos días, no me sale gratis.

Esto podría ser un primer post como otro cualquiera…